sábado, 11 de agosto de 2012

Encuentro de dos tripulantes de alas musgosas



Solamente es un soplo más húmedo que el
            llanto,
un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,
un movimiento agudo,
haciéndose, espesándose.
Pablo Neruda

El silencio traspasa el espejo que se suspende en el movimiento de tus labios
y tus senos se precipitan a la tierra como péndulos atestados de vida,
en húmedos vaivenes que entorpecen el paso del tiempo,
como la aguja de un reloj trabado en la misma historia de siempre.

Tu lengua atraviesa el camino pedregoso
y se posa sobre tu mentón agudo,
saboreando el jadeo de su boca,
degustando la brisa nocturna.

Las guindas bajo las colinas ruedan ante las agitaciones,
la tierra abre paso a la carne moribunda,
media luna reposa en un manto de alfileres de cabeza redonda
iluminando aquel valle donde transitaban los días,
resucitando el deseo de tus venas roñosas que alinean el paso de la sangre.

No hay murmullos en la calle,
los pájaros silentes yacen en las ramas de un árbol desnudo,
aguardan los gritos en la primera esquina
y el cielo clama el efluvio de tu boca,
mientras un centenar de hormigas cargan hojas de otoño
para cobijarse en las sombras de tus dedos de plata.

Dos cabezas flotan en aguas desiertas,
intentando abrir sus mandíbulas ante la deshidratación del alma
Como hollejos de uvas rememorando la vendimia pasada,
dos cuerpos aplastados por cardúmenes de lágrimas,
recuerdos insanos de un amor baldío,
estropeado por insultos y segregaciones.

Tus piernas largas se desvanecen en la niebla,
sus brazos intentan abrazar el viento.
Un perdón recurrente florece sobre cerros de huesos quebrados
que aguardan entre las cenizas de cartas selladas con una saliva espesa.

El roce de dos ombligos,
nueces recién masticadas,
regurgitando,
hasta friccionarse en un manto de escamas añejas

El rojo se sobrepone al blanco desteñido
en murallas rasguñadas por el pasar de los años,
fluye como el agua de un río desbordado,
ahí donde flota el aceite de dos cuerpos
para penetrar, sin limitaciones,
carcomiendo las grietas de dos ventanales
testigos de los momentos.

El viento sopla más fuerte,
el cielo escupe trozos de hielo.
la carne aclama a la carne en su ermitaña angustia.
Abren sus ojos inmortalizando las horas,
sus pupilas dan paso a la muerte
y un pequeño gemido irrumpe en la habitación ya desierta,
despedida a un mundo devastado,
a una relación inversa,
a un barco de dos tripulantes sin rumbo.

La tierra sigue girando,
las nubes se ordenan
esperando la incrustación de las piedras en la tierra,
el polvo se mezcla con dos cráneos vacíos,
miseria obtusa abandonada en la montaña.

Medusas emergen desde un lago de espuma rosada…


Tefi Valdés

jueves, 31 de mayo de 2012

Y le ataron las manos...


Muere la locura abandonada en los barrotes
Y los sesos crujen en el lago muerto
Donde las aguas del musgo torturado
Trituran el eco de los silencios
La gallina espía poniendo un huevo quebrado
En la orilla de la playa donde las sombras abundan

La locura se esconde en cuatro murallas de goma
Resucitando los miedos de los autómatas
Que caminan en fila hacia el acantilado
Con las uñas rasguñando sus riñones
Y una bolsa de documentos
Autorizando la desdicha

La locura no teme a los golpes
Vuela sin precipitarse
Camina por las verdades
Se pasea por los juicios
Se hace presente en los sabios
Escupiendo a la torpeza

La locura viste de blanco
No necesita manos ni tiempo
Las críticas fortalecen sus raíces
Las miradas abundan en la ciudad de los muertos
Donde el gris cubre los cielos deprimidos
Y el exceso de sal retiene los vómitos

Tefi Valdés

Donde se cierran las flores


Donde se cierran las flores
Ella guarda semillas de invierno
El sonido del viento le ahuyenta las sombras
Mientras de a uno y dos, dos pasos
Se adelanta al lodo misterioso

Donde se cierran sus puños
Cae la noche dormida
La luna agotada, blanca y mascada
Mezquina de brillos, carente de alma
Estrangulando el reflejo de su cuerpo en la tierra

Donde se cierran sus ojos
Cae el sueño temblando
Caen los miedos, los deseos lineales
Y las flores…
Las flores se retuercen en su puño
Buscando la última gota de sol en la sombra

Donde se cierra el camino
El cerco alto se impone a la verde montaña
Compiten por alcanzar el cielo
Por bajar las escamas de un ángel
A la tierra seca

Tefi Valdés

viernes, 4 de mayo de 2012

La luna sobre la cerca


Sola está ceñida en la noche
Sola marcha
Sola viene
Y en el abismo se contiene
Porque recuerda su voz
Sus pestañas inmóviles
Lo inerte
Lo oscilante
Los árboles corren a su lado
El río se hacina en sus ojos
Para caer al piso rozando sus pálidos dedos
Ante las preguntas del viento
Detiene sus pasos
Porque sola está ceñida en la noche
Sola marcha
Sola viene
Pero su velada alma la contiene
En un balde de artimañas
De interrogantes sin respuestas
Del hilo que enrolló al hombre
De la vida que despierta
Ella mira las nubes
Inquiriendo su existencia
Ahí donde no hay nada
Porque sola está ceñida en la noche
Sola marcha
Sola viene
El silencio la contiene
La mitiga
La fatiga
En lo inerte
En lo oscilante
Cae al piso para obstruir su mirada
Percibe el sonido de su sangre
Procura la vida
Porque sola estaba ceñida en la noche
Sola marchaba
Sola venía
Nadie la contuvo
Nadie la tuvo
Nadie la amó

Agonía en frecuencia


Oscila el viento acanalando los espacios
Perecen las rocas inmóviles al susurro
La arena se estremece ante el agua
Intensa fuerza desciende
como un dios furioso que aplaca al bizarro.
Desolla, carcome, mastica y escupe.
Agonía en frecuencia.
Ante los golpes
salpica la sangre,
vuela en fragmentos al rostro del pobre,
y se escuchan las risas
del gobernante a lo lejos,
retorcido en terciopelo negro
busca la sombra de su muerte,
mientras se ampara en el destello del oro.
Sus bolsillos pesan toneladas
Afuera cavan tumbas de hambre
Sus cabellos mutan a blanco por momentos
Sus cejas se levantan
Sus labios imponen
Sus manos determinan
Y los otros…
Esos otros obedecen
en la miseria titilante del desconsuelo

viernes, 30 de marzo de 2012

Sabor a muerte


No mastico el sabor a muerte,
el sabor a sangre descompuesta,
a cadáver nauseabundo
que inmortaliza el dolor,
el sufrimiento y la agonía
en el lúgubre cuarto de almas condenadas,
aquellas que azotan la inocencia
de quienes temen a su puño y su puñal
...Y luego los cargan,
para ser triturados por mandíbulas obtusas
que cerraron los ojos para saciar el crujir de sus tripas
autorizados por la hipocresía para pasear a sus mascotas.

jueves, 19 de enero de 2012

Injustamuerte

Usted se preguntará:
¿por qué calles deambula la muerte?
cuándo tantos yacen en los escombros
y se astillan los huesos para alcanzarla.

La muerte indiferente se pasea,
omite comentarios,
difumina la lástima
y en lo inesperado
detona el llanto,
las mareas de gritos,
el dolor descarnado,
de quien no la espera.