Oscila el viento acanalando los espacios
Perecen las rocas inmóviles al susurro
La arena se estremece ante el agua
Intensa fuerza desciende
como un dios furioso que aplaca al bizarro.
Desolla, carcome, mastica y escupe.
Agonía en frecuencia.
Ante los golpes
salpica la sangre,
vuela en fragmentos al rostro del pobre,
y se escuchan las risas
del gobernante a lo lejos,
retorcido en terciopelo negro
busca la sombra de su muerte,
mientras se ampara en el destello del oro.
Sus bolsillos pesan toneladas
Afuera cavan tumbas de hambre
Sus cabellos mutan a blanco por momentos
Sus cejas se levantan
Sus labios imponen
Sus manos determinan
Y los otros…
Esos otros obedecen
en la miseria titilante del desconsuelo
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