Costumbre,
le llaman costumbre:
al abandono del alma,
a la inmolación del tiempo,
a las vidas áridas,
a los momentos agrios,
que mugen
y se mastican,
en lo cargante
y no saben a nada,
sólo huelen a estiércol
y los pisas,
esos momentos los pisas,
mientras se te tuercen las piernas
porque están laxos
para recibirte
con su textura,
con su sonido a muerte;
mientras detenido,
inerte,
sin ojos,
sin boca,
sin opiniones ni muelas,
te van crujiendo los huesos,
porque ha pasado el tiempo
y sin mirar el reloj,
la clavícula
ya te toca las rodillas.
Costumbre,
de que estés acostumbrado
a oler el mismo cuarto,
a desgastar la misma piel,
pensandoque las cosas mutaban,
que los días cambiaban,
que las sombras buscaban
un sol diferente,
que no se inmiscuían en la noche
donde el vacío era un amigo,
un confidente;
mientras la monotonía
cooperaba por momentos
ornamentando el tiempo,
pavimentado la vida,
defecando el hallarse
para que pases tus años
en una urna nocturna
siendo una fotocopia diurna
que agota la tinta
de tus propias venas podridas.
Tefi Valdés